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Talento en las empresas

Repasando la biografía de Steve Jobs y reflexionando a partir de las varias películas que sobre su vida se han hecho, llegamos a una curiosa conclusión. Lo que para unos podría ser una inflexible mano de hierro a la hora de dirigir una compañía, para otros no es más que parte natural de una visión empresarial. ¿Qué queremos decir con esto? Muy sencillo. No todo el talento vale, ni mucho menos rema en la misma dirección.

Hoy, los departamentos de Recursos Humanos, analizan hasta el paroxismo los métodos para que todos los empleados saquen a la luz sus talentos y los pongan sobre la mesa cada mañana. Se organizan sesiones, jornadas, encuentros. Se contratan coaches y asesores que traen lo último en motivación y crecimiento personal. Pero, ¿se hace a partir de una estrategia?

Los programas de engagement son útiles cuando estén alineados con las guidelines de la compañía. Incluso, en caso contrario, deberían desestimarse.               

No es raro contemplar cuadros de mando que se comportan como hidras de diez cabezas, todas pugnando por su visión, por su liderazgo, por su  “hacedme caso que yo de esto entiendo más que nadie”.

Ser visionario significa también tener que tomar decisiones impopulares. La libertad imaginativa de cada empleado de una empresa linda con los ejes estratégicos que la soportan y la impulsan hacia el futuro, hacia el éxito.

No estaría de más recordarlo a menudo. No se trata de coartar a nadie. Se trata de que la marca esté por encima de cualquier vanidad personal, cualquier arranque visceral, cualquier intuición que derive en una pérdida de eficacia y el alejamiento de los objetivos marcados.

El talento sin control se convierte en un lastre inmanejable. Cada empleado no puede tener la fórmula mágica para liderar un proyecto a su manera, y además creer que la suma de todos ellos dará como resultado (también mágico) la consecución de un mismo fin.

Talento, sí, pero alineado en una misma dirección y bajo un criterio estratégico.

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