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Mk de despachos vs Mk de calle


mk-de-calleLa experiencia nos dice muchas cosas si sabemos escucharla
. Por ejemplo, que los errores suelen ser hijos de la pereza y el orgullo, mientras que los éxitos suelen serlo del sentido común y del trabajo.

Hoy, que parece tan fácil casi todo, o por lo menos resulta tentadora esa ilusión óptica, nos damos cuenta de que el marketing debe estar más cerca de las personas que de los despachos, por muy de diseño que estos sean. Incluso diríamos que no hay otra forma de hacer marketing, esa ciencia incierta que relaciona marcas con consumidores y las engloba en un campo de juego común.

Ningún termómetro es más fiable que la calle, la gente, el tiempo preciso en el que la marca está viviendo y palpitando junto con las personas y circunstancias sociales que la rodean.

Las estrategias de despacho caen en el peligro de alejarse de la realidad, por mucho que sobre el papel digan que cumplen con los objetivos estratégicos marcados. Hay que volver a la calle, escuchar, observar, analizar, saber mirar y saber comprender qué es lo que aporta determinada marca en la vida de los que deseamos que la acepten como propia.

Pero no es una labor fácil. Menos cuando los timings y las urgencias presupuestarias actuales nos obligan a la eficacia a quemarropa en un baile suicida contra el largo plazo.

El tiempo que invirtamos en abrir los ojos y en pensar, será un tiempo de oro para llegar a conclusiones acertadas, las únicas válidas en un entorno que no perdona errores. El sentido común trabaja a su propio ritmo, muy alejado de los clichés del marketing de despacho (o de salón), más preocupado en quedar bien frente a la cadena de decisión que a resolver de forma inteligente los problemas de una marca.

El futuro está en el Mk de  calle

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