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Mi nombre es usuario

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La fuerza del tiempo lo cambia todo.
En su corriente arrastra lo que un día creímos inamovible y eterno. Cosas que al cabo de los años (incluso de los días) nos parecen ya naturales y que siempre estuvieron ahí.

El escenario de las marcas no es ajeno a estos cambios. Es más, es el mejor lugar para radiografiar una sociedad, una época, un instante en la azarosa vida del mundo. La tecnología ha traído muchos de ellos últimamente. Cambios que han promovido una verdadera revolución postindustrial que afecta a la forma de relacionarnos con el consumo.

Hasta ahora era nuestro nombre: consumidores.
Personas que actuaban en el mercado comprando bienes y servicios. La mera racionalidad de esas operaciones se veía transformada por la emocionalidad. Fueron tiempos intensos, nuevos. Este hecho sopló en favor del desarrollo de muchas cosas, eso también actuó como muro infranqueable para otras.

Hoy, toda esa avalancha tecnológica nos ha convertido en algo que aún no hemos acabado de comprender. Somos usuarios. ¿Qué significa serlo? Lo primero: anteponemos la información y la conversación alrededor del producto o la marca al propio producto o marca. Hablamos de usabilidad, de plataformas, de acercamientos pausados. La dirección ha cambiado. Son los usuarios los que van en busca de las marcas, no al contrario, como sucedía antes.

El reto que se les presenta a los anunciantes de hoy es precisamente este. Saber crear un estado de opinión favorable y acogedor. Saber crear las atmósferas de entendimiento y diversión necesarias para la conversión. Hablamos de un mundo en que primero deberemos trabajar por los contenidos que nos hagan aspiracionales antes de pensar en el sonido de la caja registradora.

Un gigantesco ejército de usuarios domina el campo de batalla. Llega la hora de la verdad. ¿Cuántas marcas están preparadas para ganar esta batalla?

 

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