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Los anuncios son para el verano

 

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Lejos ha quedado ya, tanto como las bicicletas de aquella gran película, la idea de que la maquinaria social y personal del consumo se paraliza cuando llega el verano. Es cierto que durante la época estival cambian nuestras costumbres; el pálpito diario se convierte en algo más laxo, con una textura más agradable y pausada que invita a sumergirse en el contenido publicitario de nuestras marcas favoritas.

Por esta razón, pensamos que es una época óptima para que los anunciantes intensifiquen sus mensajes y campañas, siempre y cuando éstas estén en la atmósfera de intereses adecuada. Los viajes, los deportes, la alimentación, el ocio, la cultura, los productos delicatessen… Hay infinidad de referencias que son altamente indicadas para ser publicitadas en verano. El tono y la textura de esos mensajes también debería adecuarse a la estación. Tengamos en cuenta que los consumidores no son exactamente iguales a los del invierno. Todos pasamos a ser una versión mejor cuando llega el buen tiempo y las vacaciones deshacen nuestros nudos de la rutina.

Una correcta e inteligente estrategia de medios y de contenidos será el mejor vehículo para llegplayaar a nuestros targets. El mundo no se queda vacío en verano, ni mucho menos cuelga el cartel de cerrado por vacaciones. Si hay una estación propensa a la receptividad es ésta.

Y no toda la carne ha de ser puesta en el mismo plato. Si la televisión muestra síntomas de bajas audiencias y poca fidelidad a la programación convencional, los medios digitales son perfectos por su ubicuidad y cercanía con los usuarios. Los móviles permanecen más activos que nunca en hamacas, orillas de playas, hoteles y aeropuertos. Aprovechemos esta nueva realidad para crear sinergias con nuestros consumidores. Ellos no desaparecen en verano. Sus sueños, tampoco. ¿Por qué habrían de desaparecer los anunciantes?

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