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Emprender sí, pero con marca

Cada treinta segundos nace una nueva empresa. Igual que en la frenética carrera de los espermatozoides en busca de óvulo, las ideas generadoras de novedad pululan en el mercado como un valor emergente.

Lo que muchos no saben es qué pasa con las que no tienen éxito, las que se quedan por el camino o tienen que cambiar su modelo de negocio y comenzar una deriva que no saben a dónde les llevará. Esas quizá sean las que después de su enésima reinvención salgan a flote convertidas en otra cosa. ¿Qué podemos hacer para que esto no ocurra?emprendedor-2

En un plan de negocio, solemos darle más importancia a la viabilidad que a la relevancia. Sabemos también que los papeles lo aguantan todo, más si vienen aderezados con fantásticos gráficos de Power Point. Lo malo es que luego llega la realidad, es decir, el mercado y los consumidores. Ellos son los que cambiarán la palabra viabilidad por otra que es mucho más importante: relevancia.

¿Qué hace relevante una idea de negocio? Que sea apropiada, que venga en su momento adecuado, que sepa dar respuesta a una necesidad (racional o emocional) y, sobre todo, que sea memorable.

Una start-up es mitad laboratorio, mitad empresa. Su esencia de banco de pruebas es la parte más romántica. Quizá muchos la olvidan cuando llegan los números y las previsiones financieras, pero es indisoluble al hecho empresarial. Cuanto más inspiradora sea la idea, más posibilidades de éxito tendrá.

Ahora llega la parte más importante. Emprender, sí; pero siempre sabiendo que cualquier nueva empresa no deja de ser una marca que hay que construir desde cero.

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